Sí. Yo he hecho promesas electorales. Pero no cualquier promesa. Su particularidad reside en que no es una promesa de político, sino de elector.

Confieso que la hice embriagado por ese sentimiento arcaico, atávico y sin duda peligroso que es el orgullo patrio.

Para la única vez que me siento orgulloso de ser colombiano, voy y la embarro de forma monumental. Porque es lógico que los electores nos olvidemos de las promesas de los políticos, pero ellos no se olvidan de las nuestras. Y ahí es donde está el peligro, que me pueden reclamar el cumplimiento de esa promesa.

En 2006 después de una conferencia en Barcelona le confesé a Antanas Mockus que él era el blanco de los celos de mi marido, porque él sería el único hombre por quien yo volvería a Colombia en el caso de que llegase a ser presidente.

Mi marido ha superado el ataque de celos. En un alarde de pragmatismo no le importa el motivo del regreso, sino el hecho de vivir en Bogotá como siempre ha querido.

Espero que Antanas no se acuerde de mi promesa, y si lo hace sea para nombrarme embajador de Colombia en la República de Catalombia. Ese sería el único cargo que yo aceptaría.

Imprímase y cumplase

2 comentarios:

Gratis total ha dit...

esto es un culebrón gordo!!! tu quedate aki!!!

Catalombia ha dit...

Tú tranquila, que ya está en camino una conspiración que aleje toda posibilidad de retorno.