Terapia

dilluns, de febrer 09, 2009

Eran sábados de lluvia en un colegio diferente al mio. Mi madre quería discreción para preservar mi cupo en los Maristas. Eran tiempos en los que no tener padre reconocido significaba no poder estudiar en reputados colegios religiosos. 

No recuerdo cuentas sesiones fueron, pero fueron pocas, no sé si convencí a mi madre, al psicólogo, o a los dos, que no era necesario darle tanta importancia al asunto. Tener que ver a escondidas a mi padre empezó como una aventura y terminó por ser una rito que aún practico. Ser hijo natural era para mi eso, ni más, ni menos.

Años después, ya en la universidad, Marta me convenció que asistiera a una terapia con un reputado psicoanalista argentino, esposo de la profesora de realización. Ella, devota de Freud y de Estanislao Zuleta era partidaria de las terapias como catarsis creadora. Y se ofreció a pagarme el tratamiento.

Fui un par de veces, casi a media noche. Recuerdo el enorme caucho enfrente de esa casa de la 92 con 9a. Una casa californiana de ladrillo blanco. Una casa en la que me hubiera gustado vivir para poder recordar los domingos luminosos con ajiaco y visita de los abuelos. No volví, el armario era más cómodo que el laberinto. Me convencí que mi amor no necesitaba explicaciones. Me hubiese sido más útil haber contado con una loca brava como consejera que con un Lacaniano egocéntrico. 

Ir a terapia sigue siendo para mi estar en la entrada de una cueva laberíntica. El trabajo del terapista es mandarte al fondo de ella y luego sacarte a punta de dolor y/o sustancias químicas, para luego decirte lo bien que se está afuera, a plena luz del día. 

Desde niño mi única terapia ha sido el escape. Huir del confesor, del psicologo, de la visitadora social o del psiquiatra y echarme en brazos de Saint-Ex, Whitman o Pessoa. Tal vez vaya siendo hora de un cambio.

Por fortuna me acogen sus brazos. Y además tenemos una bella biblioteca.

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Imprímase y cumplase

2 comentarios:

Roberto ha dit...

claro que no (estás solo)

enrique ha dit...

uff! veo crisis.i a mès a mès tè raó.