Luisa, Aurora y San Ignacio de Loyola

divendres, d’abril 22, 2005



Luisa era estudiante de psicología de la Javeriana. Se comportaba como tal sin el menor recato, se proclamaba Gomela Lacaniana a morir. Ella era mi novia.

Aurora era el prototipo de la primera cafetera inteligente del universo basada en lógica difusa (CA. 1989). Era mi hija.

Luisa desarrolló una delirante patología neurótico-paranoide hasta ese momento desconocida en el mundo: la celotipia macchiato. Mejor dicho, cada vez que veía una cafetera express, ya fuese una Zanuzzi, Caggia, San Marco o incluso un diagrama del prototipo funcional de Aurora le daban unos celos ni los hijueputas.

Desconozco cómo ha sido la evolución de su caso, no aparece registro alguno en la American Psychiatric Society, ni en Selecciones del Readers Digest, tampoco en la Sociedad Protectora de Cafeteras Express. Lo que sí me han dicho las malas lenguas es que por fin pudo casarse con otro ingeniero electrónico de la Distrital.

Aurora fue concebida bajo el auspicio del Laboratorio de Investigaciones sobre la Química del Café (LIQC) de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia. A pesar de tan buenos padrinos Aurora no pudo eludir el destino aciago de los desarrollos tecnológicos del tercer mundo.

Sobrevivió a la pobreza generada por el recorte presupuestario consecuencia de la ruptura de Pacto de Cuotas de la Organización Internacional del Café en 1.989.

Soportó además de los celos y el desprecio de Luisa, la burla e incomprensión de media Facultad de Ingeniería de la Distrital, que no consideraba digno de un proyecto de grado el control microporcesado de un termostato para hacer un tintico.

Ni la euforia del gol de Rincón frente a Alemania en Italia 90, ni los asesinatos de Pizarro, de Jaramillo y de Galán le quitaron el impulso y la ilusión que la habían impuesto sus "padres", que paradójicamente fueron quienes la hirieron de muerte tres años más tarde gracias a una vendetta de celos profesionales y otras bajas pasiones.

Sin embargo sobrevivió y con el apoyo de su perene valedor, el Dr. Eduardo Posada, rozó momentos de gloria al ser nominada al Premio Nacional de Ingeniería. Y precisamente cuando todo indicaba la viabilidad de Aurora como producto industrial comercializable en Europa, topó con la iglesia y hasta ahí llegó todo.

Los Jesuitas, los dueños de la Universidad de los padres adoptivos de la criaturita, abrieron esas agallas enormes con que los dotó su Dios para pedir dinero, derechos de propiedad intelectual, anticipos, polizas, seguros... Y todo se jodió.

Después de años y años de sufrir una mezcla de ténue melancolía tecnológica con un soslayado orgullo empresarial cada vez que veía una cafetera express robotizada he llegado a la conclusión que se puede sobrevivir a casi todo: a la pobreza, a los celos, a las bajas pasiones, a la burla, a la incomprensión, pero a la codicia de la iglesia nadie. Si no, pregúntenle a Roberto Calvi de la Banca Ambrosina.


Imprímase y cumplase

2 comentarios:

Álvaro Ramírez ha dit...

En toda república que se respete no puede faltar el buen melodrama. Y éste de hoy, tan bien tramado, es todo una lección de moral al revés.

No le faltó detalle: el héroe, la Aurora-víctima, el tono bufón a falta de dicho rol y por supuesto el traidor. Y no cualquier traidorcito jugando meramente de local, sino un supertraidor globalizado y como siempre seductor y lleno de "ambrosía" :-)

Catalombia ya tiene su saga "fundadora" :-)

Enhorabuena, como diría Juan Pablo I

Anònim ha dit...

Esa Universidad Jesuita también ha sido victima, ironía total, de su propia codicia. En una jugada digna del más puro autocanibalismo un Vice de es U se esfumó con la platica de aquellos hermanos educadores de buenos hombres!!!

Tal vez existe la justicia divina...